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El arte de la amabilidad (ama-habilidad)

La amabilidad se interpreta a menudo con ser amistoso, agradable en el trato, buena persona, con la idea de ayudar a ancianitas a cruzar la calle, ser complaciente con otros o simplemente con ser educado, respetuoso.

 La ama-habilidad va un poco más allá. (La amabilidad yóguica)

Asociar el amor a la habilidad clarifica el término, le da orientación, enfoque, propósito y sobre todo lleva el amor a lo práctico,  tangible y visible.  También puedes intuir qué es dando la vuelta al termino cuyo contrario podría ser esta nueva palabra que te propongo: “des-ALMA-bilidad”

Así las cosas… ¿Qué es amar con habilidad? ¿Cómo se logra esa habilidad de amar?

Existen almas viejas, las que ya abandonaron miedos y se resisten menos a la energía del amor-comprensión. Esas son las que tienen la capacidad natural de “ver al otro” y al “verlo” pueden intuitivamente saber lo que el otro siente o necesita, leer más allá de las palabras que dice. Ese “ver” es la habilidad. A través de esa habilidad pueden ayudar de verdad, acompañar y empoderar a otros y también ponerles freno o límites. Eso también es amar con habilidad. Amar con habilidad es saber desde donde el otro hace lo que hace y actuar en consecuencia con el fin de que el conflicto no surja ya sea entre ambos o solo en la otra persona. Algo así como cuidar para que el otro no se haga daño a sí mismo o tenga la intención de dañar.

 Algunas personas no tienen que esforzarse demasiado en esta habilidad de amar, sencillamente lo ven y actúan, prácticamente sin pensar. Eso quiere decir que la ama-habilidad está integrada y por eso es algo natural.

Otros, generalmente personas que van más despistadas por la vida y desde luego a lo suyo con un discurso que oscila entre el “yo” y “lo mío” y pobreza en la escucha, tienen esta dificultad de ver y sentir el sentir de otros. Sucede esto al estar también haciendo oídos sordos al sentir propio. La ama-habilidad no les viene de serie, aunque la pueden incorporar. ¡No está todo perdido, amigos!

 De modo que la habilidad de amar o se tiene de manera natural, uno lo trae de serie, o bien se puede aprender como cualquier otra habilidad.

Aquí es donde las herramientas del Yoga son de gran utilidad. La habilidad de amar se consigue con la observación detenida y calmada sobre uno mismo, lo que permite reconocer al otro.  Es recomendable para ello que a tu práctica le des esta intención y propósito.  Puedes empezar por tu respirar, por tu cuerpo y cuando entrenes lo suficiente, no para sacarle tres centímetros más al músculo o para aumentar tu capacidad pulmonar, si no para observar, contemplar, detenerte en el músculo, en el proceso sencillo de la respiración…ahí empiezas a entrenarte como observador y la observación te llevará inevitablemente a ver y a sentir lo tuyo y lo de otros, al mismo tiempo. Ten paciencia.  En casi todas las personas hay muchas resistencias que vencer, no te voy a mentir, pero la meta es tan segura y clara como que has acabado de leer este texto, lo que indica que tienes ya una buena disposición para descubrir la “ama-habilidad yóguica”. ¡Ánimo con tu práctica!

Janaki y Ekavira. Ánimo crecimiento personal

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